En cada rincón de Valledupar, desde el balneario Hurtado hasta la emblemática Plaza Alfonso López, el aire de abril de 2026 trae consigo una melodía particular: el sonido refinado y sentimental del Binomio de Oro. En el centro de esta atmósfera se encuentra Israel Romero Ospino, el «Pollo Irra», quien esta semana se erige como la figura máxima del portal bajo la sección «El Firme».
Este año, el 59° Festival de la Leyenda Vallenata no solo celebra la música; celebra una revolución que cambió el curso del folclor hace más de cuatro décadas, cuando Israel decidió unir su acordeón a la voz eterna de Rafael Orozco.
Un estilo que rompió fronteras
Nacido en la cuna de acordeones, Villanueva, Israel Romero no fue un músico más. Mientras la tradición dictaba un estilo rudo y de «raza», él introdujo la elegancia. Sus dedos, que parecen volar sobre el teclado, trajeron consigo arreglos orquestales, introducciones memorables y una cadencia que permitió que el vallenato saliera de las parrandas de patio para llenar estadios en Estados Unidos, Europa y toda América Latina.
Ser «El Firme» de esta semana responde a esa resiliencia: tras la trágica partida de Orozco en 1992, muchos vaticinaron el fin de la agrupación. Sin embargo, Romero mantuvo el timón firme, convirtiendo al Binomio en «La Universidad del Vallenato», de donde han salido voces que hoy son estrellas, pero que siempre reconocen en Israel al maestro del compás.

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El sentimiento de un homenaje en casa
«Este no es un premio para un hombre, es un abrazo a una historia que compartí con mi compadre Rafa», ha dicho Israel en las recientes entrevistas previas al lanzamiento del certamen. Para los vallenatos, ver a Romero caminar por las calles de la ciudad estos días es ver a una leyenda viva. El homenajeado de este 2026 ha estado presente en los conversatorios académicos de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, donde con humildad explica a los nuevos acordeoneros que «el secreto no es tocar rápido, sino tocar con el alma«.
Porque en un mundo musical cada vez más efímero, Israel Romero representa la permanencia. Su liderazgo en el 59° Festival no es solo protocolario; es activo. Ha estado supervisando personalmente los arreglos de la gala de inauguración, donde se espera un reencuentro tecnológico y emocional con la imagen de Rafael Orozco que promete conmover a los miles de asistentes que ya empiezan a abarrotar los hoteles de la ciudad.
Israel Romero es, sin duda, el guardián de un legado que no permite que el vallenato pierda su esencia romántica mientras se proyecta hacia el futuro.