“No volverán los tiempos e la cometa
Cuando yo niño
Brisas pedía a San Lorenzo”
“No volverán nunca a existir
Y eso me parte el corazón”
Con este estribillo nostálgico de su canción “Tiempos de la cometa”, el compositor patillalero Freddy Molina Daza plasmó un sentimiento que nos arropa cada vez que recordamos esa tradición del siglo pasado cuando llegaban las brisas de diciembre y los niños corrían deseosos a elevar cometas al viento en las sabanetas de los pueblos, costumbre que se ha ido perdiendo con el paso de los años ante la inminente llegada de la tecnología y la internet, que comenzó a robarle momentos tan preciados a los pequeños como el de salir a la calle a jugar con amigos y con la complicidad del viento hacer que una colorida cometa eleve sus sueños con esa emoción infantil que conmueve.
La cometa es conocida en otros países con otros nombres, en Venezuela es papagayo, en México, Costa Rica y Cuba es conocida como papalote, en Argentina, Guatemala, Hondura y El Salvador es barrilete, en Chile y Bolivia se conoce como volantín, en Puerto Roco y Cuba se le llama chiringa, chichigua es la cometa en República Dominicana y pandorga en Paraguay, Uruguay y algunas zonas de argentina y Brasil. No importa el nombre que se use, lo más importante es el placer que genera hacerla volar.

José Fuentes es un licenciado en Educación Física que desde los 12 años en l municipio de Chimichagua se contagió del gusto de su padre por construir cometas y después de tantos años continúa con el mismo entusiasmo pasando ese legado a sus hijos, que también se dejaron enamorar del arte de hacer cometas.
“Por aquí se quería perder la cultura de la cometa, ya como que la tecnología tiene a los niños muy encerrados pero yo siempre los fui llevando, venga, vamos a hacer cometa, vamos a hacer una competencia aquí y allá en el fondo del barrio, también habían muchachitos que las elaboran, aunque ya algunos de ellos fueron perdiendo la costumbre pero yo no la he dejado perder”, dice con la esperanza de que esta tradición se siga conservando.

Con la misma emoción de un niño, José relata que lo más importante para construir una cometa es tener la disposición para hacerla, conseguir la materia prima, varillas de caña brava, plástico, hilos y retazos de tela y con una dosis de confianza, dedicación y paciencia se logra un entretenido elemento recreativo que invita a los niños a soñar.

Elina Morales es un líder social que lleva dos años realizando el festival de las cometas, un evento que busca rescatar la tradición, unir a las familias y fortalecer los valores sociales como la solidaridad, la amistad y el respeto. Con nulo apoyo de entidades gubernamentales, cada año esta mujer se “pone la camiseta” y toca las puertas de entidades que como Aseo del Norte, la Policía Nacional, Corpocesar, Funcosoc, greca y las juntas de acción comunal de los barrios San Fernando, 12 de octubre, Panamá y Los Milagros, respaldan esta iniciativa y con el mismo entusiasmo, motivan a los niños a involucrarse con este juego tradicional. “No hay nada más bonito que trabajar con los niños porque ellos son los reyes de la casa, ellos son los que iluminan nuestro hogar”.

Festivales como este incentivan la armonía familiar, Elina también involucra a los padres en el proceso de construir cometas y usa la tecnología para enviar tutoriales que le permiten a los chicos aprender a construirlas, mientras se graban junto a sus padres y sentirse protagonistas en ese proceso en el que los chicos sienten y valoran el apoyo que reciben de sus padres en ese paso a paso.
Valores como la solidaridad, la empatía, el desborde de entusiasmo y alegría llenan el escenario de este festival de cometas donde los niños se convierten en apoyo para los chicos con algún tipo de discapacidad que también se han ganado un espacio y han participado junto a sus familias.

Las brisas de diciembre son el factor principal para elevar las cometas, es la temporada propicia para que los niños sigan la tradición, lo ideal es que lo hagan a campo abierto porque en estos tiempos modernos, el cableado afecta el libre curso de estos “pájaros de papel y telas llenas de color” que se pueden elevar tan alto como lo sueños de los chicos, mientras ellos se desestresan, liberan emociones, hacen nuevas amistades, sonrían y son felices.
