Por primera vez en su historia, Valledupar será sede de un evento deportivo continental de gran magnitud: los Juegos Parasuramericanos 2026. Entre julio y agosto, la ciudad recibirá a más de mil atletas con discapacidad, provenientes de al menos doce países de América, en una competencia que pondrá a prueba no solo la infraestructura deportiva, sino también la capacidad organizativa, la cultura ciudadana y el compromiso real con la inclusión.
De acuerdo con los planes oficiales, los Juegos contarán con 13 disciplinas deportivas, se disputarán cerca de 500 pruebas y utilizarán más de 10 escenarios entre Valledupar y municipios cercanos. La inversión pública destinada a adecuaciones, logística y operación supera los 60 mil millones de pesos, una cifra significativa para una ciudad intermedia que pocas veces ha enfrentado un reto de esta escala.


Los escenarios deportivos de Valledupar están listos para recibir a los deportistas y a quienes deseen disfrutar de las justas deportivas. FOTO: AnatoL Mendoza
Las autoridades destacan avances importantes. Escenarios deportivos han sido revisados y se encuentran listos; ya se han iniciado procesos de capacitación para personal logístico y voluntarios. Desde el punto de vista técnico, Valledupar avanza en los tiempos establecidos y cumple con los requisitos exigidos por los organismos deportivos internacionales.
Sin embargo, el verdadero desafío va más allá del deporte. En unos Juegos Parasuramericanos, la pregunta clave no es solo si los atletas podrán competir, sino cómo se moverán por la ciudad, cómo serán atendidos y qué tan accesible será Valledupar en su conjunto.
Los Parasuramericanos no se miden únicamente por medallas o escenarios. Se miden por la experiencia integral del atleta, que incluye desplazamiento en la ciudad, señalización, trato ciudadano y eliminación de barreras físicas que son tan importantes como una pista o un coliseo.
Aún persisten retos visibles. El transporte público adaptado es limitado, muchas calles carecen de rampas en buen estado y la cultura de respeto por los espacios accesibles sigue siendo frágil. Resolver estos aspectos no solo beneficiará a los Juegos, sino también a las más de 40 mil personas con discapacidad que viven en el municipio, según registros oficiales.
Lo positivo es que el evento ha empezado a mover conversaciones que antes no estaban en la agenda pública. Hoy se habla de accesibilidad, de derechos, de inclusión y de cómo una ciudad puede adaptarse para todos. Comerciantes, hoteleros y operadores turísticos también se preparan para recibir visitantes, lo que podría generar un impacto económico temporal importante y abrir nuevas oportunidades en sectores como el turismo accesible.
Los Juegos Parasuramericanos representan una oportunidad única: demostrar que Valledupar puede organizar un evento internacional con dignidad, eficiencia y sensibilidad social. El legado no debería medirse solo en obras, sino en aprendizajes, cambios culturales y mejoras que permanezcan cuando se apaguen las luces del estadio.
