En la emblemática Plaza Alfonso López, escenario habitual de decisiones y símbolos institucionales, la Policía Nacional formalizó la transmisión de mando en la Policía Metropolitana de Valledupar. El coronel Germán Alexander Gómez Aranguren asumió oficialmente el liderazgo de la institución en la capital del Cesar, en un acto presidido por el brigadier general Manuel Andrés Camelo Sánchez y acompañado por autoridades civiles y militares del departamento.
El relevo, más allá del protocolo, llega en un momento clave para la ciudad.
¿Cómo recibe Valledupar el nuevo comandante?

Valledupar no es hoy la misma ciudad de hace una década. Su crecimiento urbano, el aumento del parque automotor, la expansión hacia nuevos barrios y la dinámica comercial han traído desarrollo, pero también desafíos en seguridad.
En los últimos meses, la percepción ciudadana ha estado marcada por una preocupación recurrente: el hurto en sus diferentes modalidades, especialmente a personas y motocicletas. Comerciantes del centro histórico y de sectores como el barrio Novalito y el Primero de Mayo han manifestado inquietudes por casos de robo que, aunque no siempre alcanzan cifras alarmantes, sí afectan la tranquilidad cotidiana.
A esto se suma el fenómeno del microtráfico, visible en algunos sectores periféricos, y episodios aislados de homicidios que, si bien no ubican a Valledupar entre las ciudades más violentas del país, sí generan impacto mediático y social.
En zonas rurales del municipio y del área metropolitana, el abigeato continúa siendo una preocupación para pequeños y medianos ganaderos, quienes piden mayor presencia institucional y resultados judiciales contundentes.
Sin embargo, también es justo señalar que Valledupar mantiene indicadores que, en comparación con otras capitales intermedias, resultan más favorables en ciertos delitos de alto impacto. La ciudad no enfrenta estructuras criminales de gran escala como en otras regiones del país, pero sí redes delincuenciales que operan con rapidez y conocimiento del territorio. Ese es el escenario que recibe el coronel Gómez Aranguren.

Un perfil técnico para un momento sensible
El nuevo comandante cuenta con 25 años de trayectoria en la institución. Su experiencia en inteligencia, formación policial y dirección administrativa sugiere un perfil técnico y estratégico. Haber sido jefe seccional de inteligencia y docente en la Escuela Internacional de Uso de la Fuerza Policial para la Paz (CENOP) le da herramientas importantes para enfrentar fenómenos complejos que no solo requieren presencia en las calles, sino análisis e investigación.
Durante su intervención, el oficial anunció que su gestión se centrará en fortalecer el Modelo del Servicio de Policía, mejorar el acercamiento con la comunidad y desplegar estrategias diferenciales contra delitos como el homicidio, el hurto, el tráfico de estupefacientes y el abigeato.
El enfoque preventivo, operativo e investigativo que propone no es nuevo en el discurso institucional. La diferencia estará en la ejecución y en la capacidad de traducir esa estrategia en resultados medibles.
El desafío de la confianza
Uno de los retos más sensibles no es únicamente la reducción de cifras delictivas, sino la recuperación y fortalecimiento de la confianza ciudadana. En distintos sectores sociales se percibe una brecha entre la denuncia y la respuesta efectiva. Muchas víctimas no denuncian por considerar que el trámite es largo o que el resultado será limitado.
Allí, la articulación anunciada con la Fiscalía General de la Nación y las autoridades locales será determinante. Sin judicialización efectiva, la captura se convierte en una solución temporal.
Además, la ciudad demanda un enfoque diferencial. No es lo mismo la dinámica de seguridad en el centro urbano que en corregimientos o zonas rurales. Tampoco es igual el fenómeno del hurto callejero que el del microtráfico en entornos escolares.
Una oportunidad para ordenar prioridades
El cambio de mando también abre la posibilidad de revisar estrategias. Valledupar necesita fortalecer la inteligencia preventiva, mejorar la presencia en puntos críticos y avanzar en el uso de tecnología —cámaras, análisis de datos, identificación de patrones— para anticiparse al delito.
La coordinación con la administración municipal será clave. La seguridad no depende únicamente de la Policía; requiere inversión en iluminación pública, recuperación de espacios, programas sociales para jóvenes en riesgo y acompañamiento comunitario.
El coronel Gómez Aranguren llega con un historial de reconocimientos institucionales y una hoja de vida sólida. Pero el verdadero termómetro será la percepción ciudadana en los próximos meses.
Entre la expectativa y la responsabilidad
La transmisión de mando fue un acto solemne, como corresponde a la institucionalidad. Sin embargo, la verdadera ceremonia comienza ahora, en las calles, en los barrios y en los corregimientos.
Valledupar no enfrenta una crisis desbordada de seguridad, pero tampoco puede permitirse la complacencia. El momento exige liderazgo, estrategia y cercanía con la gente.
El nuevo comandante tiene ante sí una ciudad que aún conserva condiciones de estabilidad, pero que pide respuestas más rápidas y visibles. El reto no es menor: consolidar entornos seguros, fortalecer la convivencia y garantizar que la seguridad sea una realidad tangible y no solo un compromiso en el discurso. La ciudadanía, atenta y expectante, será el principal juez de esta nueva etapa.
