Caminar por las calles de Valledupar ya no solo requiere sortear los huecos del pavimento o tratar de buscar la sombra de los árboles para mitigar el calor sofocante del sol vallenato; ahora también hay que esquivar la mirada hacia arriba con temor. Lo que antes era un cielo despejado, del que los vallenatos podían disfrutar y ver claramente la luna y las estrellas, sentados tranquilamente en sus terrazas, hoy es un mapa indescifrable de marañas de cables que cuelgan como lianas en una selva de concreto. Desde el barrio La Nevada hasta el Primero de Mayo, desde Novalito hasta Los Ángeles o San Carlos, es prácticamente a lo largo y ancho del municipio donde el panorama es el mismo: un desorden visual y técnico que pone en jaque la seguridad de todos.
Un diagnóstico de desidia
El crecimiento vertical y horizontal de la ciudad no vino acompañado de orden. Hoy, los postes de energía parecen árboles heridos por el peso de cientos de fibras ópticas, cables coaxiales y líneas eléctricas que se entrelazan sin ningún criterio técnico. No es solo fealdad estética; es un diagnóstico de negligencia operativa.
Muchos de estos cables están «muertos» —líneas de servicios cancelados que las empresas de internet jamás retiraron—, creando un lastre innecesario que hace que los cables cuelguen y se conviertan en piedra de tropiezo para el peatón que desprevenidamente camina por las aceras mientras es testigo de los cables que se cuelgan peligrosamente sobre las viviendas poniendo en riesgo sus vidas.
Riesgos que no dan espera

La comunidad vallenata convive con una bomba de tiempo sobre sus cabezas. Los perjuicios son claros y alarmantes. Hay riesgo de electrocución dada la cercanía de cables de alta tensión con redes de datos mal instaladas lo que puede generar arcos eléctricos, especialmente en temporada de lluvias; esta telaraña de cables también se convierte en obstáculo para emergencias, en caso de incendio, las marañas impiden que el Cuerpo de Bomberos despliegue sus escaleras o maniobre con libertad; estos cables que cuelgan también han ocasionado caídas y accidentes a peatones y motociclistas, convirtiendo las aceras en trampas mortales pero también pueden ocasionar interrupciones constantes por el roce entre ellos y el exceso de peso que pueden causar cortocircuitos que dejarían a barrios enteros sin luz o sin conexión en el momento menos pensado.
La danza de la negligencia
¿Quién responde? Aquí empieza el «ruido» institucional. Las empresas de energía eléctrica (Afinia) y los gigantes de la telefonía móvil e internet parecen jugar al teléfono roto. Mientras unos alegan que el poste es suyo pero el cable no, los otros instalan nuevas redes sin retirar las viejas, ignorando las normas de uso de infraestructura.

Es una negligencia compartida donde el afán de lucro por conectar a un nuevo cliente supera el compromiso con el mantenimiento del espacio público. La falta de una política seria de soterramiento (cables bajo tierra) en las zonas críticas mantiene a Valledupar anclada al siglo pasado.
Recomendaciones y llamado a la acción
No podemos seguir mirando hacia otro lado mientras los cables tocan el suelo de nuestras terrazas. Es urgente que la Secretaría de Infraestructura y la de Planeación Municipal exijan a los operadores un inventario real de sus redes y el retiro de cables obsoletos o en su defecto, ejercer duras sanciones a las empresas que no retiren su cableado muerto.
La transición al soterramiento debe ser el paso certero a la modernización de Valledupar, el papel de la Secretaría de Planeación municipal deberá ser más visible exigiendo que en las nuevas urbanizaciones y avenidas principales el cableado sea subterráneo. Este proyecto se discutió hace muchos años cuando se daba la transición de las construcciones horizontales a verticales, pero las conversaciones quedaron allí, las palabras de las llevó el viento y el proyecto nunca se cristalizó por lo menos no en los barrios tradicionales y ni que decir en aquellos que dieron el paso y de ser invasiones pasaron a ser barrios. Allí pululan las telarañas de cables como una amenaza latente.
Llamado de atención
El llamado de atención es a los señores de Afinia, a los de las empresas de telecomunicaciones y, por supuesto, a la Administración Municipal: la seguridad ciudadana no se negocia. No esperen a que una tragedia o un incendio de grandes proporciones los obligue a reaccionar. El cielo de Valledupar merece estar limpio y su gente merece caminar sin miedo.
