En estos últimos días, la ciudad de Valledupar se ha convertido en un escenario de contaminación visual por la cantidad excesiva de vallas publicitarias que compiten por la atención de los peatones y conductores que transitan a diario por los puntos estratégicos del municipio. Lo que en meses anteriores era un perfecto paisaje de montañas y monumentos que servían de fondo para espectaculares fotografías turísticas, hoy se ve interrumpido y opacado ante la avalancha de vallas publicitarias, en este tiempo en su mayoría, de campañas políticas, pero igualmente, de otros sectores comerciales como el anuncio de médicos, odontólogos, abogados y otros profesionales que han optado por este medio para publicitar sus servicios, lo mismo que de instituciones educativas y eventos musicales, entre otros, que están dañando el paisaje.
Pero no es solo la contaminación visual que se está generando a través de la ubicación de estas vallas que estratégicamente son expuestas en su mayoría en puntos tan álgidos para el tráfico como las glorietas o avenidas más transitadas, sino la generación del factor de distracción que esto ofrece para quienes conducen vehículos, aumentando el riesgo de accidentalidad.
Análisis de los actores involucrados
- Los partidos políticos aprovechan la temporada electoral para colocar sus lonas sin respetar la normativa de la Ley de Publicidad Exterior, que establece un límite de ocupación visual del espacio público.
- Los comerciantes ven en la valla una herramienta rápida para atraer clientes, pero muchos admiten que la falta de control genera “una guerra de tamaños” que los termina perjudicando a todos.
De acuerdo a la resolución 215 de 2025 “Corresponde a los alcaldes y registradores municipales, regular la forma, características, lugares y condiciones para la fijación de carteles,pasacalles, afiches y vallas publicitarias destinadas a difundir propaganda electoral a fin de garantizar el acceso equitativo de los partidos y movimientos, agrupaciones y candidatos a la utilización de estos medios en armonía con el derecho de la comunidad a disfrutar del uso del espacio público y a la preservación de la estética. También podrán con los mismos fines, limitar el número de vallas, afiches y elementos publicitarios destinados a difundir propaganda electoral”.




En el articulo tercero de la misma resolución se señala definir el número máximo de vallas publicitarias que pueden instalar los partidos y movimientos políticos, los grupos significativos de ciudadanos y movimientos sociales en las elecciones para Congreso de la República, Senado y Cámara de Representantes que se efectuarán el 15 marzo de 2026.
De acuerdo al número de habitantes, que según el DANE ha crecido significativamente superando los 500 mil habitantes, Valledupar se encuentra en el rango de municipio de segunda categoría y para este caso, los políticos tendrían derecho hasta el uso de 12 vallas, que bien pudiesen ser ubicadas de manera estratégica sin ocasionar contaminación visual ni perturbar la estética del municipio.
Muchos vallenatos coinciden al afirmar que la excesiva cantidad de vallas publicitarias cansa la vista, le quita belleza a las avenidas y glorietas, distrae la concentración y afecta la percepción de ciudad amable. En esta época electoral es inevitable no contar con estas herramientas publicitarias, sin embargo, son muchos los que advierten que Valledupar se ha contaminado no tanto por el ruido o por situaciones a ambientales sino por la inundación de vallas publicitarias a la que políticos y comerciantes de todo tipo han acudido para ofertar sus bienes, servicios y productos.
La contaminación visual no es solo una cuestión estética; es un reflejo de la falta de coordinación entre autoridades, partidos políticos y comerciantes. Si Valledupar quiere seguir siendo la capital del vallenato y una nueva opción turística, necesita rescatar su paisaje y devolverle a sus habitantes la tranquilidad de mirar al frente sin que una lona les diga por quién votar. En la medida en que la ciudad ordene su cielo visual, volverá a ser ese escenario donde la música y la gente fluyan sin interrupciones.
