En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde el tiempo parece dictado por el ritmo del agua y el viento, ocurrió un evento que trasciende lo administrativo para tocar lo sagrado. El reciente Encuentro de Mujeres Indígenas de la Sierra Nevada de Gonawindúa, donde participaron las mujeres de los pueblos indígenas, con el acompañamiento y articulación de la Confederación Indígena Tayrona (CIT). El acto no fue solo una mesa de diálogo técnico; fue un acto de sanación y reafirmación de la vida, un espacio de reflexión y construcción colectiva, en el marco de la Consulta previa, libre e informada de la política ambiental indígena.
El Territorio como Espejo del Cuerpo

Para la mujer arhuaca, la tierra no es un recurso a gestionar, sino una extensión de su propio ser. Bajo la premisa «Somos la Zaku (Madre Tierra)», el encuentro puso de manifiesto una verdad profunda que la modernidad a menudo olvida: la salud del territorio y la salud de la mujer son hilos de la misma manta.
Durante el encuentro, las mujeres tejieron la palabra alrededor de temas fundamentales para la pervivencia de los pueblos y del territorio, como el cuidado del agua y los espacios sagrados, la participación activa de las mujeres en las decisiones ambientales, la protección de lideresas defensoras del territorio y la necesidad de avanzar hacia la construcción de un sistema integral propio de cuidado territorial. Cuando ellas hablan de cuidar el agua y los espacios sagrados, no lo hacen desde la ecología teórica, sino desde la maternidad universal. Proteger el río es proteger la sangre de la tierra; cuidar el bosque es cuidar el aliento del mundo.
Tejer la palabra, sembrar el futuro

El encuentro se convirtió en un telar de ideas donde se cruzaron el pagamento, acto de gratitud y equilibrio con la naturaleza; el tejido como lenguaje y registro de la memoria ancestral y la palabra como herramienta de resistencia y construcción política.
las mujeres reafirmaron su relación espiritual y vital con la Madre Tierra, expresando que el territorio es el cuerpo y la vida misma de las mujeres: “Somos la Zaku (Madre Tierra)”.
Este espacio dejó mandatos claros y colectivos, construidos desde la voz de las mujeres indígenas, que fortalecerán la propuesta política y técnica que la Confederación Indígena Tayrona llevará a los escenarios de diálogo, concertación y articulación con el Estado, reafirmando su compromiso con la defensa del territorio, la autonomía y los derechos colectivos de los pueblos indígenas de la Sierra Nevada.
La gestión ambiental, desde esta perspectiva, dejaría de ser una fría política de Estado para convertirse en un sistema integral de cuidado territorial, nacido del útero y la sabiduría de quienes han custodiado la Sierra por milenios.
Un Mandato de Armonía
La participación de las mujeres en la toma de decisiones no es solo una cuestión de equidad de género, sino de equilibrio espiritual. Sus mandatos, cargados de una visión protectora, buscan blindar a las lideresas defensoras y asegurar que las nuevas generaciones hereden una tierra viva.
Este diálogo con el Estado, impulsado por la CIT, lleva consigo la fuerza de la Zaku. Es un recordatorio de que la verdadera gestión ambiental nace de la escucha, del respeto por lo sagrado y del reconocimiento de que la autonomía indígena es, en última instancia, la salvaguardia de la vida misma.
