En el espacio sagrado de Seykukwi, en pleno territorio ancestral del pueblo arhuaco, se realizó el acto oficial de entrega del Programa Corazón del Mundo, una iniciativa orientada a la protección y conservación de la Sierra Nevada de Gonawindúa, conocida como el “corazón del mundo” por los pueblos originarios.
Al encuentro asistió la ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Irene Vélez, junto a las autoridades tradicionales del pueblo arhuaco, encabezadas por el Cabildo Gobernador, Zarwawiko Torres Torres. Más que un acto protocolario, la jornada tuvo un carácter espiritual y político, al desarrollarse en un lugar considerado sagrado por esta comunidad indígena.
¿Qué es el Programa Corazón del Mundo?

El Programa Corazón del Mundo busca la salvaguarda, cuidado, conservación y restauración del territorio ancestral de la Línea Negra, el área delimitada que comprende los sitios sagrados de la Sierra Nevada y que ha sido reconocida por el Estado colombiano.
La iniciativa se basa en la Ley de Origen y en el sistema de conocimiento del pueblo arhuaco, que entiende la Sierra Nevada como un sistema vivo e interconectado. En términos prácticos, el programa articula acciones de ordenamiento ancestral, protección de espacios sagrados y fortalecimiento de la gobernanza ambiental indígena, en coordinación con el Gobierno Nacional.
Este avance es resultado de la gestión política y organizativa adelantada por la Confederación Indígena Tayrona (CIT) ante el Ministerio de Ambiente, con el respaldo del Fondo para la Vida y la Biodiversidad.
Un mensaje político y simbólico

Durante el acto, la ministra Irene Vélez afirmó que la entrega del convenio no solo representa el cumplimiento de un trámite administrativo, sino el cumplimiento de un compromiso del Gobierno Nacional con el cuidado de la Sierra Nevada.
Por su parte, el Cabildo Gobernador Zarwawiko Torres Torres destacó que el programa es una iniciativa del pueblo Arhuaco para continuar con las acciones de defensa de la naturaleza y del planeta.
El mensaje central fue claro, el Estado reconoce el papel de los pueblos indígenas como autoridades ambientales en sus territorios y aliados estratégicos en la lucha contra el deterioro ambiental.
Un paso importante, pero con desafíos por delante
Aunque el acto representa un avance significativo en el reconocimiento del ordenamiento ancestral y la gobernanza indígena, surgen preguntas necesarias para entender el alcance real del programa tales como el presupuesto, garantías para la articulación con otras entidades del Estado y con comunidades no indígenas que también habitan la Sierra Nevada.
El imponente ecosistema enfrenta múltiples amenazas como la deforestación, la expansión agrícola, los proyectos extractivos, turismo descontrolado y cambio climático. En ese contexto, cualquier iniciativa de protección debe ir acompañada de recursos suficientes, coordinación interinstitucional y continuidad en el tiempo.
Reconocimiento a la autoridad indígena
Uno de los aspectos más relevantes del Programa Corazón del Mundo es el reconocimiento del pueblo arhuaco como autoridad ambiental en su territorio ancestral. Esto fortalece el principio de autonomía indígena y la protección de los espacios sagrados de la Línea Negra, que han sido objeto de controversias jurídicas y sociales en el pasado.
El reto ahora será que este reconocimiento no quede solo en el discurso. La protección efectiva del territorio implica decisiones concretas frente a actividades que puedan afectar el equilibrio ecológico y cultural de la Sierra.
Una responsabilidad colectiva
La consolidación del programa Corazón del Mundo envía un mensaje potente: la protección ambiental no es solo una tarea técnica, sino también cultural y espiritual. Para el pueblo arhuaco, cuidar la Sierra es mantener el equilibrio de la vida.
Sin embargo, el cuidado del “corazón del mundo” no depende únicamente del Gobierno o de los pueblos indígenas. También requiere compromiso ciudadano, políticas coherentes y respeto por los acuerdos alcanzados.
El acto en Seykukwi simboliza un avance en la relación entre el Estado y los pueblos originarios. Ahora el desafío será transformar esa palabra cumplida en resultados visibles y sostenibles para la Sierra Nevada y para el país.
