La Cosmovisión en el Hombro
Para la comunidad arhuaca (Iku), y sus hermanos kogui, wiwa y kankuamo que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, tejer no es una manualidad; es un acto de escritura.
Desde una perspectiva de «Memoria Viva», cada mochila (tutu) es una representación del útero materno y del universo. Las figuras geométricas grabadas en ellas (kanas) no son decoración; son pensamientos, narraciones sobre la naturaleza, el agua y el equilibrio del mundo. Cuando un vallenato o un visitante porta una mochila original, no lleva un bolso; lleva un fragmento de la filosofía de los «Hermanos Mayores».
El fenómeno económico y la apropiación positiva
El auge de la artesanía indígena ha inyectado una vitalidad económica crucial a las comunidades de la Sierra. Lo que antes era un objeto de uso exclusivo de la etnia, hoy es un producto de exportación que sostiene a cientos de familias.
• Empoderamiento femenino: Son las mujeres indígenas (Gwati) las dueñas de este saber y de esta economía. La comercialización en Valledupar ha permitido que muchas de ellas ganen autonomía financiera sin salir de sus resguardos, tejiendo la red económica de su pueblo puntada a puntada.
• Identidad Regional: Valledupar ha abrazado este símbolo con un orgullo genuino. A diferencia de otras regiones donde lo indígena se esconde, aquí se exhibe. El vallenato moderno se siente incompleto sin su mochila, lo que denota una integración cultural —al menos estética— muy positiva.
El precio de la masificación
Sin embargo, el éxito trae sus sombras. El mercado turístico de Valledupar enfrenta la amenaza de la falsificación y la industrialización. La llegada de mochilas sintéticas, fabricadas industrialmente en otras ciudades o países y vendidas como «artesanía de la Sierra» a precios irrisorios, es un golpe directo a la «Memoria Viva».
La investigación periodística advierte: ¿Estamos comprando la estética pero ignorando el mensaje? Existe una paradoja dolorosa en ver a la ciudad inundada de mochilas (símbolos del cuidado de la naturaleza) mientras se ignoran las advertencias ecológicas que los mamos de la Sierra lanzan sobre el calentamiento global y la protección de los ríos.
Consumimos el objeto, pero a veces desechamos la filosofía que lo creó.
Un pacto de respeto
La mochila arhuaca es el puente más visible entre la selva de cemento de Valledupar y los picos nevados de la Sierra. El desafío para el consumidor consciente y para las autoridades locales es blindar la denominación de origen, garantizando que cada peso pagado por una mochila vaya realmente a las manos curtidas de la mujer que la tejió durante semanas. Solo así este tejido seguirá siendo un mapa del pensamiento ancestral y no terminará convertido en un simple souvenir vacío de alma.
