9 de febrero Día del periodista
El 9 de febrero fue escogido en Colombia para celebrar el Día del Periodista en conmemoración de la aparición del Papel Periódico de la ciudad de Santafé de Bogotá en 1791, el primer diario de la época de la Colonia.
La historia del periodismo en Valledupar es el relato de un pueblo que comenzó a contarse por el ímpetu de hombres que veían en los cantos una herramienta para comunicar. Antes de los grandes edificios, en medio de polvorientos senderos, la noticia viajaba a lomo de mula, cuando los primeros juglares salían con acordeón al pecho y cantando daban a conocer los sucesos de los pueblos. Así comenzó el periodismo en esta población; aquellos campesinos que amaban el folclor, sacaron los primeros acordes de ese mágico instrumento y componían canciones inspirados en los hechos cotidianos que iban contando y cantando en sus correrías musicales.
Valledupar fue creciendo y se fue convirtiendo en una ciudad, donde el periodismo comenzaba a brillar, fueron apareciendo las emisoras y surgiendo los periodistas, la mayoría de ellos, empíricos, hombres inquietos, algunos con voces profundas, otros que iniciaron frente a las consolas de las emisoras y dieron el salto a los micrófonos y fueron ellos los que abrieron el camino a las generaciones de profesionales que fueron llegando de las universidades del país. Se convirtieron en verdaderos maestros que compartieron su sabiduría con los más jóvenes que regresaron ávidos de incursionar en los florecientes medios de comunicación de la ciudad.
Los universitarios fueron desplegando todo lo que habían aprendido en las aulas, abriéndose espacio en distintos medios, radio, prensa escrita y algunas empresas que vieron la necesidad de contratar un comunicador social. Medios como Radio Guatapurí, Radio Valledupar, Ondas de Macondo, La Voz del Cañaguate, Antena del Cesar, el Diario Vallenato fueron algunos de los pioneros en el ejercicio de este oficio en la ciudad.

El teclear de las máquinas de escribir resonaban en las salas de redacción, hasta donde los periodistas llegaban sudorosos de las calles a plasmar las noticias que encontraban en su cotidianidad; visitaban el hospital, el comando de policía, las agremiaciones y entidades estatales, los barrios, que se convirtieron en fuentes a consultar de los recién llegados, que salían en busca de la noticia, del boletín de prensa que en ocasiones recibían en las oficinas por parte de algunos mensajeros de las entidades o a través del novedoso fax. Reinaba la amistad y el colegaje, acostumbraban a salir “en combo” a buscar las noticias o a llamarse a través de un teléfono fijo para reconfirmar una información. Había respeto entre los empíricos y los profesionales, lo mismo que entre el periodista y la fuente.

Llegó la televisión como nueva forma de empleo a través de las corresponsalías de los noticieros nacionales y con el tiempo en Valledupar nació Telecaribe, que también abrió un nuevo espacio para el periodismo vallenato.
El periodismo ha dejado de ser un simple oficio para convertirse en un acto de fe. Hoy, 9 de febrero, mientras las felicitaciones inundan los grupos de WhatsApp y llegan algunas invitaciones para celebrar la fecha, conviene detener la marcha y mirarnos al espejo. ¿Qué estamos contando? Y más importante aún: ¿cómo lo estamos haciendo?
El Periodismo bajo el Fuego
El periodismo en el Cesar vivió sus horas más amargas durante el conflicto armado. Informar en los años 90 y principios de los 2000 era caminar sobre un campo minado.»La grabadora era un escudo de papel», recordarán algunos.
Muchos colegas fueron silenciados, otros tuvieron que empacar sus sueños en una maleta y huir. El conflicto no solo cobró vidas, sino que impuso el silencio de la autocensura. Sin embargo, fue ese mismo periodismo el que denunció las injusticias y ayudó a tejer el camino hacia la reparación de las víctimas.

Una radiografía que duele: El diagnóstico local
Llegó el siglo XXI y el periodismo en la capital del Cesar comenzó a crecer, Valledupar ya cuenta con dos facultades de Comunicación Social, Sin embargo, el oficio atraviesa una metamorfosis agridulce; hay una explosión de medios digitales, muchos nacidos de la valentía y otros de la necesidad, pero la solidez informativa flaquea. El diagnóstico es claro: somos una prensa que reacciona, pero que poco propone. El «copia y pega» de los boletines oficiales se ha vuelto el pan de cada día, mientras que la investigación de fondo, esa que incomoda al poder y le da voz al ciudadano de a pie en los barrios más vulnerables, se ha quedado rezagada en las salas de redacción que luchan por sobrevivir porque ya no se siente el “ardor” del oficio ni la vocación de servicio del periodista.
Retos y desafíos: Entre la pauta y la ética
El mayor desafío para el periodista vallenato hoy no es solo la seguridad —que sigue siendo una sombra constante en el ejercicio regional—, sino la independencia. En una ciudad donde la pauta oficial es el oxígeno de la mayoría de los medios, el reto es no dejarse asfixiar.
La batalla del siglo: Reportería de calle vs. Inteligencia Artificial
Aquí es donde el debate se pone interesante. Mientras en el mundo se habla de la IA redactando noticias en segundos, en Valledupar nos enfrentamos a una verdad ineludible: un algoritmo jamás podrá oler el sudor del campesino, ni sentir el vibrar de un acordeón en una parranda o captar la mirada de una madre que clama justicia.
La evolución técnica en Valledupar ha sido un viaje vertiginoso. Pasamos de las pesadas máquinas de escribir, donde el error se pagaba con corrector blanco y frustración, al silencio táctil de las computadoras.Las emisoras pasaron de las consolas de tubos a la digitalización absoluta y hoy el reportero no solo escribe; graba, edita y transmite en vivo desde un celular.

La Inteligencia Artificial puede organizar datos y optimizar el SEO, pero la reportería de calle, esa que ensucia los zapatos y gasta saliva hablando con la gente, es irreemplazable. El periodista está en riesgo inminente de caer en la pereza digital. Si permitimos que la IA nos dicte qué es noticia, habremos perdido la esencia de nuestro oficio: el criterio humano.
«La tecnología es un vehículo, pero la brújula sigue siendo el corazón del periodista que camina la calle.»
