La democracia no es solo el acto de depositar un voto; es la certeza matemática y logística de que ese voto será respetado. Bajo esta premisa, la Registraduría Nacional del Estado Civil inicia este 7 de febrero un despliegue técnico que va más allá del simple ensayo de oficina: los simulacros nacionales para las elecciones de Congreso 2026.
En un contexto regional donde la legitimidad de las instituciones electorales suele estar bajo el microscopio, la apuesta del registrador Hernán Penagos por una apertura técnica anticipada se lee como un mensaje de robustez institucional. No obstante, el éxito de estos simulacros no se medirá solo por la rapidez de los servidores, sino por la capacidad de despejar cualquier sombra de duda sobre el sistema de preconteo y escrutinio.
La anatomía de la prueba: ¿Qué se evalúa realmente?

El cronograma establecido no es fortuito. Se trata de una progresión lógica diseñada para evaluar la funcionalidad, controles, seguridad, confiabilidad y productividad de las soluciones informáticas y logísticas dispuestas para los comicios legislativos del «día D» (8 de marzo).El Registrador Nacional Hernán Penagos, advirtió que “En estos simulacros se ponde a prueba tanto el recurso tecnológico como humano que participará en las elecciones de Congreso, para asegurar la transparencia y agilidad en la entrega de los resultados”.
El primer simulacro de preconteo se llevará a cabo este sábado 7 de febrero, el segundo simulacro tiene fecha para el 21 de este mes, el simulacro de escrutinio se realizará del 23 al 25 de febrero y el; simulacro de digitalización E-14.
La vigilancia como garantía
Lo más destacable de esta jornada es el ecosistema de observación. La convocatoria no se limitó a los funcionarios del Estado; la inclusión de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea (MOE-UE) y los auditores de los partidos políticos es un acierto crítico-positivo.
La presencia de los auditores de los distintos partidos es el antídoto contra la narrativa del fraude. Al permitir que los movimientos políticos evalúen el software y el hardware desde adentro, la Registraduría «comparte» la responsabilidad de la transparencia.
Organismos de Control como la Procuraduría y la Contraloría actúan como el muro de contención ético, asegurando que el recurso humano —a menudo el eslabón más débil de la cadena— esté a la altura de la tecnología.
El reto del «Factor Humano»
Si bien el software es auditable, la logística y el soporte documental dependen de miles de personas. El registrador Penagos ha sido enfático: se busca asegurar la «agilidad y transparencia». Sin embargo, la crítica constructiva sugiere que la agilidad no debe sacrificar la precisión. En elecciones legislativas anteriores, la digitalización de los formularios E-14 fue el punto de fricción; que hoy se le dedique una jornada exclusiva de simulacro es una señal de que la institución ha aprendido de las lecciones del pasado. Conclusión
Colombia entra en la recta final de su preparación legislativa con un sistema que se deja ver, se deja tocar y, sobre todo, se deja auditar. Estos simulacros son el «seguro de vida» de una jornada electoral que promete ser intensa. La pregunta no es si la tecnología funcionará, sino si el nivel de transparencia demostrado será suficiente para unir a un electorado polarizado en torno a un resultado común.
