Si las calles de Valledupar hablaran con la voz del viento que baja de la Sierra, hoy no harían otra cosa que pronunciar un nombre: Pepe Castro. Al cumplirse 100 años de aquel 3 de febrero en que el destino decidió regalarle un visionario a esta tierra, el Cesar se detiene a mirar el espejo de su propia historia. Hablar de Pepe no es solo evocar a un político; es narrar la metamorfosis de una provincia que dejó de ser patio para convertirse en departamento.
Un legado tallado en desarrollo
Pepe Castro no fue un hombre de promesas etéreas, sino de realidades de cemento y campo. Su paso por la Gobernación del Cesar y la Alcaldía de Valledupar dejó huellas que el tiempo, por más que sople, no ha podido borrar. Fue el arquitecto de la conectividad: bajo su mando, el Cesar se articuló a través de carreteras que sacaron del olvido a pueblos que solo conocían el polvo. Su obsesión era el progreso. Él entendió, antes que muchos, que la riqueza de nuestra tierra no solo estaba en el canto de los acordeones, sino en la fuerza de sus hatos ganaderos y en la tecnificación del agro.
El hombre de las letras y el pensamiento

Pero detrás del político de carácter recio, habitaba el intelectual. Pepe Castro fue un escritor de pluma afilada y memoria prodigiosa. En sus libros y crónicas sobre la creación del departamento, dejó constancia de las luchas de una casta de hombres que soñaron con la autonomía.
Sus reconocimientos no caben en una vitrina. Más allá de la Orden a la Democracia o las llaves de ciudades que lo vieron pasar, su mayor condecoración es el respeto reverencial de un pueblo que aún reconoce: «Eso lo hizo Pepe».
La estirpe, el apellido como bandera
La política y el servicio corren por las venas de los Castro como el agua del río Guatapurí. Pepe no solo dejó obras; dejó una escuela.
Sus sucesores, figuras como su nieto, el exalcalde y candidato a la Cámara de Representantes, Mello Castro intenta mantener viva la llama de esa vocación pública. Sin embargo, el «estilo Pepe», ese que combinaba la autoridad con el abrazo sincero, sigue siendo una cumbre difícil de escalar.
¿Qué le dejó al Cesar?

Si hoy caminamos por la Plaza de Banderas o transitamos las vías que conectan el norte con el sur, estamos pisando su herencia. Pepe Castro le dejó al Cesar un sello de identidad política, el orgullo de ser cesarenses y no una sombra del Magdalena Grande, también puentes, vías y escuelas que llevaron al departamento a dar el salto a la modernidad. Pero lo más importante, dejó un ejemplo de carácter cuando expresaba que “la politica se hace con pantalones y con visión de futuro”.
Por todo eso, hoy, a cien años de su nacimiento, Pepe Castro no es un recuerdo, es una referencia. Porque hombres como él no mueren; se vuelven camino y se quedan para siempre en el alma de Valledupar.
Su paso por la Gobernación del Cesar
Para entender el impacto de Pepe Castro en la Gobernación del Cesar, hay que visualizarlo no como un burócrata de escritorio, sino como un gobernador de botas y tierra. Su paso por el palacio departamental marcó un «antes y un después». La región pasó de ser una despensa agrícola aislada a ser un departamento con vocación de liderazgo nacional.
Sus políticas de gobierno estuvieron dirigidas a brindar mayor bienestar a los cesarenses tal como ocurrió con su programa La Revolución del «Cesar Interconectado»: Antes de Pepe, viajar entre los municipios del sur y Valledupar era una odisea de días. Su impacto más tangible fue la red vial, a través de la cual el campesino y el gran hacendado pudieron sacar sus productos (algodón, arroz, ganado) sin que se pudrieran en el camino.
Pepe Castro fue reconocido como el gobernador de los pueblos. Fue él quien rompió la barrera entre el mandatario y el ciudadano de a pie. Su impacto en la comunidad fue emocional y de confianza porque hacía presencia en los territorios, llegaba a las plazas de los pueblos a escuchar, lo que generó una cultura de rendición de cuentas directa que la gente aún añora.
También le fue reconocida su política agraria a través de la cual dignificó la vida de los campesinos. Promovió la tecnificación, lo que convirtió al Cesar en la «capital algodonera» de Colombia en su época dorada.

El impacto social que repercutió en la calidad de vida de los
vallenatos y cesarenses, se midió en ladrillos que prestaban servicios. Bajo su gobierno se construyeron y adecuaron numerosas escuelas rurales. Pepe entendía que el hijo del vaquero necesitaba el mismo pupitre que el hijo del dueño del hato. También fortaleció la red hospitalaria, entendiendo que el desarrollo no servía de nada si la gente moría de fiebres curables por falta de un puesto de salud cercano.
El Legado Inmaterial: El «Estilo Pepe»
Más allá de las obras, el impacto más profundo fue su carácter. Pepe Castro le enseñó al cesarense a ser «echao pa’ lante», a exigir obras de calidad y a entender que el político debe ser un servidor con autoridad, pero sin arrogancia. Dejó una vara muy alta: la de la política hecha con amor por el terruño y una honestidad que se podía mirar a los ojos.
Hablar de Pepe Castro (José Guillermo Castro Castro) es invocar la esencia misma del Cesar y de Valledupar. Fue un hombre de campo, política y letras, conocido por su franqueza absoluta y un sentido del humor cargado de sabiduría regional.
Fueron múltiples los homenajes que este servidor recibió en vida como uno de los grandes patriarcas del departamento. En su honor, hay escuelas y avenidas que llevan su nombre, monumentos que nos recuerdan la valentía de un hombre que trabajó incansablemente por la gente de su tierra.
