Valledupar hoy no solo huele a mangos y suena a acordeón; también respira la urgencia de una transformación que no se construye con cemento, sino con civismo. En las esquinas de la capital del Cesar, donde el sol de las dos de la tarde no perdona, se libra una batalla silenciosa, la de recuperar la esencia de una ciudadanía que parece haber olvidado el manual de la sana convivencia.
Radiografía de una ciudad que duele
El diagnóstico es claro y, para muchos, doloroso. Un gran porcentaje de vallenatos aún no han tomado conciencia de la necesidad de practicar la cultura ciudadana y continúa realizando acciones que van en detrimento del entorno, contribuyendo a un desorden cívico que pulula en los diferentes sectores del municipio.

La radiografía actual nos muestra el abandono de lugares emblemáticos, como el Parque de la Biblia, hoy convertido en un refugio de basuras e inseguridad, es el espejo de una crisis de pertenencia. A esto se suma la alarmante cifra de accidentalidad vial en lo que va de 2026, donde el irrespeto a las normas de tránsito se traduce en tragedias familiares que pudieron evitarse con un poco de prudencia.
Del «pueblo» a la urbe pero sin brújula
No es un problema nuevo. Los antecedentes nos remiten a años de crecimiento desordenado donde la infraestructura creció más rápido que el sentido de comunidad. Si bien administraciones pasadas intentaron implementar planes de seguridad y convivencia, el enfoque se quedó, muchas veces, en lo político y no en lo educativo. En 2008 el entonces alcalde de Valledupar, Rubén ‘Ava” Carvajal incluyó en su agenda temas de cultura ciudadana, dirigidos a desincentivar el uso de gasolina de contrabando buscando fortalecer la confianza en la legalidad, reforzó el sentido de pertenencia de los vallenatos con la expedición de un decreto para conmemorar la independencia de Valledupar, lo mismo que adelantó programas de sensibilización por el respeto a las normas,con lo que que buscaba promover la autorregulacion y el cuimplimiento voluntario de las mismas. Pasó el tiempo y el programa de Cultura Ciudadana fue ‘engavetado”, sin embargo, para el periodo 2016-2019, el alcalde de la época Augusto Ramirez Uhia, autor y ponente del Manual de Cultura Ciudadana desde que se desempeñó como concejal de Valledupar en el periodo 2008-2011, retomó las banderas de la cultura ciudadana, implementó acciones importantes pero solo dejaron resultados momentáneos que pasaron sin pena ni gloria.

Tejiendo la ciudadanía del mañana
¿Hacia dónde vamos? Las proyecciones para este 2026 apuntan a la necesidad de una articulación real entre la academia, el sector privado y el gobierno local. Iniciativas como el fortalecimiento de la Red de Cultura Ciudadana de la que hacen parte la administración municipal a través de la Secretaría de Seguridad y Convivencia, el Diario El Pilón, el Banco de la República las Fundación Aviva, la Fundación Universitaria del Área Andina y la Universidad Nacional entre otras, que busca la implementación de estrategias permanentes que generen impactos reales en temas por corregir como la cultura vial, la contaminación auditiva en algunos sectores, respeto al espacio del peatón y el cuidado de las mascotas en espacios públicos, dado que son situaciones que se presentan y que en la mayoría de los casos afectan la convivencia.
Los desafíos son monumentales
En materia de seguridad vial se deberá trabajar en la reducción de las muertes en las vías mediante una cultura del respeto y no solo del miedo a la multa. Igualmente es necesario trabajar en el tema de espacio público, creando iniciativas conjuntas donde se vincule a la ciudadanía motivándola a cuidar parques y avenidas.
El vallenato debe sentirse orgulloso no solo de su folclor, sino de su comportamiento en la fila del banco o respetando la señal del semáforo.
Valledupar está en un punto de inflexión. El reto no es solo del alcalde Ernesto Orozco, de la Policía o de la Red de Cultura Ciudadana; el desafío mayor es que cada uno de los vallenatos entienda que la ciudad más linda no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia. Es hora de que el civismo vuelva a ser el mejor verso de una bonita canción vallenata.
