A las cinco de la mañana, cuando el fresco del río Guatapurí todavía intenta abrazar las calles mientras el sol comienza a hacer su tímida aparición para luego alzarse imponente, Valledupar no despierta con el trino de las aves, sino con el rodar de las carretillas. En los barrios populares y en el centro del municipio comienza a escucharse el sonido del hierro contra el pavimento, es el despertador de una ciudad que, aunque luce moderna, se sostiene sobre los hombros de quienes madrugan a rebuscarse, de quienes no conocen lo que es una prima o una EPS pagada por un patrón.
Una ciudad de «cuenta propia»
Valledupar sigue siendo, dolorosamente, la capital del «rebusque». Según los informes más recientes del DANE (enero 2026), la informalidad en la capital del Cesar está en el 65.4%. ubicándose como una de las ciudades con mayor índice de informalidad en Colombia.
A diferencia del desempleo, que ha mostrado una tendencia a la baja en la capital del Cesar, la informalidad ha experimentado un ligero incremento en el último año, del 61.1% en 2025 pasó al 65.4% en enero de este año, lo que indica que gran parte de los nuevos puestos de trabajo creados no cuentan con seguridad social ni prestaciones de ley.

En Valledupar, seis de cada diez trabajadores están en la informalidad, una cifra que nos ubica tristemente en el podio nacional, solo superada por ciudades como Sincelejo o Riohacha; Valledupar está significativamente por encima del promedio de las 23 ciudades principales, que ronda el 43,6%.
No es solo el vendedor de raspao en la Plaza Alfonso López; es el profesional que no encontró otra forma de llevar el sustento a su familia y decidió manejar un mototaxi, la madre cabeza de hogar que vende fritos en el barrio La Nevada, y el joven que, ante la falta de vacantes en el sector formal, se lanza a las calles a vender accesorios para celulares.
Impacto en la Población
De una fuerza laboral estimada en 202 mil personas en la ciudad, cerca de 132 mil ciudadanos trabajan hoy bajo condiciones informales. La informalidad se concentra principalmente en el comercio minorista, servicios personales y el transporte informal.
En Valledupar claramente se observa un fenómeno donde la nómina estatal ha crecido, pero el sector industrial y empresarial formal ha perdido peso, empujando a los ciudadanos al rebusque.
Los sectores «críticos» de la informalidad

Según el DANE para este trimestre, la informalidad en Valledupar se concentra en tres pilares:
- Comercio y reparación de vehículos: Es el mayor empleador, sin embargo un gran porcentaje de sus trabajadores son informales (ventas ambulantes, talleres de barrio y comercio minorista no registrado).
- Transporte y almacenamiento: El fenómeno del mototaxismo y el transporte intermunicipal informal representan una gran parte de la ocupación en la ciudad.
- Construcción: Aunque hay un auge de vivienda, un gran porcentaje de la mano de obra se contrata por obra o labor sin aportes completos a seguridad social.
En el municipio, cientos de vendedores informales se debaten entre la persecución por la invasión del espacio público y la necesidad de llevar el sustento. Algunos han sido beneficiados con programas y convocatorias de la Alcaldía y la Gobernación del Cesar para fortalecer a pequeños empresarios, sin embargo, para el hombre que vende aguacates en una carretilla, los beneficios del Sisbén y las exenciones de impuestos para grandes hoteles —como las recientemente anunciadas— se sienten como noticias de otro país. El reto es monumental: transformar una economía de subsistencia en una de desarrollo real.
Valledupar camina hoy entre la esperanza de las nuevas inversiones y la realidad de sus calles. El empleo informal no es solo una estadística, es el rostro de miles de vallenatos que, a pesar de todo, se levantan cada día con la convicción de que, bajo este sol, siempre habrá algo que vender para poder vivir.
