Valledupar recuperó la corona profesional del acordeón en la edición 59 del Festival de la Leyenda Vallenata. José Juan Camilo Guerra Mendoza, conocido artísticamente como ‘El Morocho’, se alzó con el título máximo de este 2026. El joven, oriundo del barrio San Joaquín, demostró una disciplina impecable y un dominio absoluto de los cuatro aires tradicionales. Esta versión del festival rindió un homenaje especial a Rafael Orozco y al maestro Israel Romero.
A sus 25 años, Guerra Mendoza alcanzó el sueño más anhelado por los acordeoneros del país. Su triunfo no es solo una estadística, sino la confirmación del talento local que crece en los barrios de la ciudad. En la gran final, ‘El Morocho’ superó a una generación de músicos de altísimo nivel técnico. El podio lo completaron Edgardo Bolaño en el segundo lugar y Camilo Molina en la tercera posición.
Trayectoria y madurez musical del nuevo Rey
La victoria de José Juan Camilo es el resultado de un proceso construido con constancia y rigor. Su interpretación destaca por un manejo firme de los bajos y las armonías, elementos clave del vallenato tradicional. El jurado y el público valoraron su capacidad para combinar la precisión técnica con el sabor auténtico de la región.
Su carrera musical cuenta con una importante proyección nacional. En 2022, se integró a la agrupación de Silvestre Dangond, ganando experiencia en grandes escenarios. También ha compartido tarima con figuras de la talla de Iván Villazón y Elkin Uribe. Esta madurez artística fue fundamental para conectar con la audiencia en el Parque de la Leyenda Vallenata.
Un embajador de la cultura vallenata
El nuevo Rey Vallenato asume ahora la responsabilidad de ser embajador de nuestro folclor ante el mundo. Su corona envía un mensaje de respeto a la identidad y a las raíces del género para las nuevas generaciones. Valledupar celebra que un hijo de su tierra porte nuevamente este título histórico.
Con este reconocimiento, ‘El Morocho’ entra en la memoria grande de la música colombiana. La ciudad reafirma su posición como la Capital Mundial del Vallenato. El legado de los juglares sigue vivo en las manos de jóvenes que, como él, estudian y defienden la tradición.