«Más allá de abril»
En la Plaza Alfonso López, bajo la sombra de un mango y la mirada de bronce del monumento «LaRevoluciónenMarcha», un grupo de turistas japoneses intenta entender la historia de un pueblo que canta sus noticias. No están aquí por el Festival Vallenato — que finalizó hace meses—, sino atraídos por una nueva promesa: descubrir la capital del Cesar como un museo de puertas abiertas y la puerta de entrada a la biodiversidad del Caribe.
Esta escena, impensable hace una década, resume el giro dramático que Valledupar está intentando dar en 2025. Cansada de ser una ciudad «monocultivo» (que solo vive del turismo cuatro días al año durante el Festival), la capital del Cesar ha activado una estrategia agresiva para venderse como un destino dual: cultura monumental y naturaleza extrema.
