El anuncio del presidente Gustavo Petro sobre una posible restricción a las exportaciones de ganado en pie ha encendido las alarmas en el Cesar, uno de los departamentos con mayor tradición ganadera del país. La intención del Gobierno es clara: aumentar la oferta interna para forzar una reducción en el precio de la carne. Sin embargo, en Valledupar, los productores y analistas aseguran que la medida es un «remedio» que podría salir más caro que la enfermedad.
El argumento del Gobierno: «Carne barata para el pueblo»
Desde la Casa de Nariño se sostiene que el modelo de exportación masiva de animales vivos ha «vaciado» el mercado local, elevando el costo de la proteína a niveles inalcanzables para las familias de estratos bajos. Petro ha sugerido que limitar estas ventas internacionales permitiría que la carne que se produce en regiones como el Caribe se quede en los platos de los colombianos.
La realidad en Valledupar: Costos e inseguridad
En el Cesar, la visión es opuesta. Líderes del sector como el exgobernador Hernando Molina han sido enfáticos: producir carne hoy es un desafío financiero.
- Insumos: El costo de fertilizantes y alimentos balanceados sigue ligado al dólar.
- Seguridad: El abigeato (robo de ganado) y la extorsión en zonas rurales de Valledupar y el sur del Cesar aumentan los costos operativos.
- Impuestos: La carga tributaria sobre la tierra y la producción no ha dado tregua.
Para los ganaderos locales, el precio de la carne no sube por las exportaciones, sino porque producir un solo kilo hoy cuesta casi el doble que hace tres años. Restringir el mercado externo, según advierten, solo desincentivará la cría, provocando a largo plazo una escasez aún mayor.

Opiniones divididas: ¿Componente político o solución real?
En las calles de Valledupar, la desconfianza es la nota predominante. Mientras ciudadanos como Rosario García esperan que un acuerdo entre las partes alivie su bolsillo, otros como Luz Julio ven en la propuesta un tinte populista que no llegará a materializarse en una baja real en las carnicerías de barrio.
Analistas como Unaldo Freites proponen una alternativa ignorada por el Ejecutivo: incentivar la productividad. Si el Gobierno ayudara a tecnificar las fincas del Cesar para producir más animales por hectárea, habría suficiente carne para exportar y para el consumo interno sin necesidad de prohibiciones.
En conclusión, Valledupar observa con cautela una medida que amenaza con golpear la columna vertebral de su economía regional. La solución para el precio de la carne parece estar más en las garantías de seguridad y reducción de costos en el campo que en el cierre de las fronteras comerciales.