En Valledupar la hora de la siesta es para muchos, sagrada. Es un alto en el camino para descansar en casa luego de una primera jornada de intenso trabajo. A esa hora generalmente hace calor y los vallenatos se refugian en sus hogares para reposar, pero casi siempre, el momento se ve interrumpido por el insistente timbre del celular. Muchos lo dejan sonar si no conocen el número de contacto, pero también hay personas que esperan llamadas, contestan y escuchan sorprendidos: ¡Hola! Tenemos una oferta imperdible para que te pases a…
Es un algoritmo programado a mil kilómetros de distancia, en un frío call center de Bogotá o quizás en el extranjero, diseñado para ignorar el derecho al descanso de los colombianos, entre ellos, los vallenatos que se sienten acosados.
Quien recibe la llamada casi nunca termina de escuchar. Los vallenatos ya no aguantan más las molestas y reiterativas llamadas a cualquier hora del día por parte de los operadores de telefonía móvil, que son las empresas que con mayor frecuencia se comunican con cualquier persona a cualquier hora sin importar si es usuario o no.
Una epidemia que no respeta fronteras
En Valledupar, como en el resto de Colombia, el incremento del 70% en las llamadas spam no es solo una cifra de un informe de Truecaller; es una fractura en la confianza ciudadana. Según datos del sector, el año pasado en el país se registraron más de 16.600 millones de contactos no deseados.
Aquí, en la capital mundial del vallenato, donde la palabra y la llamada telefónica han sido históricamente el puente para cerrar negocios de ganadería, para organizar la parranda del fin de semana, o para “adelantar cuaderno” entre amigas, el asedio digital ha impuesto el silencio preventivo.
«Ya no contesto nada que no tenga guardado en los contactos», eso es lo que la mayoría de los vallenatos responden cuando se les pregunta por esas molestas llamadas.
¿Por qué no para de sonar el celular?
El diagnóstico de los expertos apunta a tres factores críticos: la automatización agresiva que consiste en el uso de robocalls y marcadores predictivos permitiendo que una sola central realice miles de llamadas por minuto; la fuga de base de datos o comercialización ilegal de datos personales permite que empresas de diversos sectores tengan acceso a números privados sin consentimiento previo y el «Spam de Servicio»: No todas las llamadas son estafas; una gran parte proviene de empresas legalmente constituidas que buscan captar clientes mediante el acoso comercial.
Los rostros detrás del acoso
El diagnóstico en el Cesar es idéntico al nacional: las operadoras de telefonía móvil son los principales verdugos de la tranquilidad. Claro, Movistar, Tigo y WOM encabezan la lista de reportes. Utilizan «marcadores predictivos», sistemas que lanzan cientos de llamadas en simultáneo y solo conectan a un operador humano cuando alguien contesta. Por eso, muchas veces, al atender el teléfono solo hay un silencio sepulcral que dura tres segundos antes de que alguien diga: «¿Me escucha?».
A pesar de que la Ley 2300 de 2023, conocida popularmente como “Dejen de fregar”, prohíbe contactar a los usuarios fuera de horarios laborales o de manera insistente, el asedio en Valledupar se siente más agresivo. Quizás sea porque el mercado de la Costa es uno de los más disputados por las empresas de telecomunicaciones para su expansión de fibra óptica y 5G.
Del spam al fraude

El problema es que, entre tanta oferta de planes de «minutos ilimitados», se esconden los lobos del vishing. Este tipo de llamadas no distingue clase social ni barrio, ni usuario; desde el año anterior se han incrementado las denuncias sobre estafadores que fingen ser de la operadora para pedir códigos de verificación y clonar cuentas de WhatsApp.
La desconfianza es tal que incluso las instituciones públicas de salud o las cooperativas locales están sufriendo porque la gente no les contesta para citas médicas o trámites importantes por miedo a que sea otro vendedor de planes móviles o un estafador.
Al mezclarse las llamadas legítimas de las operadoras con las de los estafadores, el usuario opta por el silencio. «El celular ha dejado de ser una herramienta de conexión para convertirse en una fuente de estrés», señala un analista de ciberseguridad.
¿Cómo defenderse?
Si usted es víctima de este asedio, existen mecanismos legales y técnicos.inscriba su número en la plataforma de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) para evitar llamadas comerciales, utilice herramientas como Truecaller o el filtro nativo de Google/Apple ayudan a identificar y bloquear números reportados por la comunidad, ante la insistencia tras la negativa, puede radicar una queja ante la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) por violación a la Ley de Protección de Datos Personales (Habeas Data).
El atardecer de la comunicación
Mientras el sol se oculta tras la Sierra Nevada, el teléfono de algún vallenato vuelve a vibrar. Es un número de contacto que empieza por 320. Hay dudas, mira la pantalla, pero deja que el timbre se pierda en el aire.
En Valledupar, la ciudad de los cantos y las historias de juglares, tenemos más formas de conectarnos que nunca, pero menos ganas de hablar. El spam no solo llena la memoria del celular; está vaciando la paciencia de un pueblo que solo quiere que lo “dejen de fregar”.
